




Aunque el concepto de presentar oposiciones a una solicitud de registro de una marca que pueda entrar en conflicto es relativamente sencillo, se trata de un ámbito jurídico complejo. Elegir los motivos de la oposición es una parte del rompecabezas, pero demostrarlos es otra cosa muy distinta. Entre los motivos más difíciles de demostrar se encuentra el de la mala fe.
En un primer momento, se presume que todas las solicitudes de marcas se han presentado de buena fe, por lo que se requiere una carga probatoria considerable para refutar dicha presunción. El hecho de que no exista una definición jurídica de «mala fe» en la Unión Europea no facilita en absoluto esta tarea. El nivel de prueba exigido no solo es difícil de alcanzar, ¡sino que ni siquiera está definido!
La posición general del Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha sido durante mucho tiempo que todos los factores pertinentes deben tenerse en cuenta en una evaluación global del caso en cuestión. Sin embargo, en tiempos más recientes, varios asuntos han aclarado elementos críticos de las oposiciones de mala fe:
Koton contra EUIPO
Inicialmente, las solicitudes de mala fe que prosperaban se centraban en terceros que solicitaban deliberadamente registros para productos idénticos o muy similares. Esto cambió en la sentencia del caso Koton contra EUIPO, en la que se determinó que la mala fe va más allá de esta limitación. Consideraron que en circunstancias en las que no existe una lógica comercial que sustente una solicitud podría bastar para demostrar la mala fe.
Skykick contra Sky
El caso Skykick contra Sky fue un proceso de larga duración con numerosos giros y vueltas, en el que finalmente se determinó que presentar solicitudes de marcas registradas sin intención de utilizarlas puede constituir un acto de mala fe. No obstante, también debe demostrarse la existencia de una intención deshonesta, ya sea para obtener derechos exclusivos más allá del ámbito de la protección de la marca o para perjudicar los intereses de la otra parte.
Si bien estas y otras decisiones de la Unión Europea sobre presentaciones de mala fe aportan una aclaración positiva, esto no significa que estos elementos sean fáciles de probar. No obstante, el primer paso es siempre tener conocimiento de las demandas, de mala fe o no, en primer lugar: no se puede luchar contra lo que no se ve.
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